Curiosidades sobre el claxon

El claxon. Ese instrumento del que solo nos percatamos cuando un conductor despistado se aparece ante nosotros sin previo aviso o cuando una ambulancia se acerca y avisamos al vehículo de delante de que se aparte.

A pesar de ser uno de los elementos de seguridad más antiguos de los automóviles, en España es frecuente emplearlo poco, ya que las normas de tráfico de nuestro país dejan bien claro cuándo conviene utilizarlo – para evitar un accidente o avisar a otro conductor de nuestra posición o de que realizaremos un adelantamiento-.

Dependiendo del tipo de vehículo habrá una bocina con mayor o menor intensidad. Así, no es lo mismo el claxon de un coche que el de un camión. Las bocinas pueden llegar a alcanzar los 120 decibelios, aunque en España no deben superar los 105 dB a una distancia de siete metros.

El claxon surgió a finales del siglo XIX como un instrumento que servía para avisar a los peatones de la presencia de vehículos motorizados, pero no fue hasta 1914 cuando apareció la bocina eléctrica, de la mano del inventor alemán Robert Bosch. Al principio, el sonido de todas ellas resultaba muy parecido, mientras que hoy día disfrutamos de una amplia variedad de sonidos -siendo los más comunes aquellos en mi bemol y fa sostenido-.

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